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10 de octubre de 2000

Derecho Cívico se deletrea: Deber

El observar los recientes hechos políticos alrededor del mundo debería brindar a todos los americanos la tranquilidad colectiva de vivir en un país grande y fuerte, libre de tanta violencia e incertidumbre a la que se enfrentan muchas naciones del globo.

Del Medio Oriente a Yugoslavia, a las islas de Indonesia, la continua lucha por la libertad y búsqueda de la felicidad son meramente ideales que permanecen siendo sólo una visión para muchos en el mundo. Es con este pensamiento en mente que debe considerarse un autoanálisis del compromiso de América por los principios que le han servido tan bien.

En el mundo actual, parece que muchos piensan que la fortaleza y salud de esta nación marcha en piloto automático. En estos ocupados y ajetreados días nos encontramos preocupados por llegar a la próxima reunión, llevar a nuestros hijos a sus actividades o buscar continuamente lo próximo por hacer en nuestras Palm Pilot. Es algo bueno que, como americanos, tenemos estos lujos y no la preocupación sobre cosas tan básicas como libertad y supervivencia.

Los americanos somos muy afortunados, verdaderamente. Pero, en este mismo momento, en tiempos de prosperidad y fortaleza, la reflexión es apropiada. Nuestra nación debería ser ahora desafiada a analizar su esfuerzo colectivo por avanzar y proteger la verdadera base que ha brindado esto en este momento --el deber de nuestros ciudadanos de perpetuar la esencia de nuestra democracia.

Este deber parece ser bifurcado. Primero, existe el deber de la educación en cuanto a la manera en que la democracia opera y funciona. Este deber recae en las manos de los americanos adultos y les urge ser firmes en la enseñanza del deber cívico a sus jóvenes. Estudios recientes parecen indicar que estamos haciendo poco en este área. Un estudio de la Evaluación Nacional del Progreso Educativo (National Assessment of Educational Progress) revela que sólo el 25% de los estudiantes de niveles primario y secundario son competentes en educación cívica y gobierno. Específicamente en octavo grado, solo el 6% de los estudiantes pudieron describir maneras en que los países podrían beneficiarse al contar con una constitución. En el doceavo grado, sólo el 9% de los estudiantes pudo nombrar modos en que una sociedad democrática se beneficia con la activa participación de sus ciudadanos.

A los estudiantes de nivel universitario y de institutos avanzados no les fue mucho mejor. En una encuesta reciente conducida por el Centro Roper de la Universidad de Connecticut, se les hizo a los estudiantes preguntas básicas de nivel secundario sobre Historia Americana, y cuatro de cada cinco estudiantes de las mejores 55 universidades e institutos de los Estados Unidos recibieron una "D" o "F". Aún más, sólo el 22% pudo identificar "Gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo" como una línea en el documento Gettysburg Address. Aunque 99% de ellos pudo identificar quiénes son los personajes de dibujos animados Beavis y Butthead.

Segundo, existe el deber de la participación: el ingrediente necesario para asegurar que nuestra juventud vea directamente qué significa la participación cívica. Este deber recae en todos nosotros. Seguramente debería haber más participación en actividades comunales e interés por los seres humanos que nos rodean, pero, por lo menos, tenemos el mínimo deber de hacer aquello por lo que tantos han dado su vida en este país y por lo que muchos más alrededor del mundo están dando actualmente la suya --el voto. Entre aquellos entre 18 y 25 años de edad, la participación con el voto fue de un abismal 19% en las últimas elecciones presidenciales, muy similar a grupos de más edad. Aunque esto debería escandalizar a nuestro país, en general no lo hace, y no es tan sorprendente.

Demasiados jóvenes americanos pasan por nuestro moderno sistema de educación con poco entrenamiento sobre "cómo" o "porqué" ser ciudadanos con conciencia cívica. Sean los poderes del gobierno, el proceso legislativo, las protecciones constitucionales o aún cómo registrarse para votar, los futuros líderes de la democracia número uno en el mundo parecen estar menos informados y menos preparados para recibir la antorcha cuando les llegue el momento. Aún más preocupante es la disminución del énfasis o beneficio puesto en la participación cívica. Todos coinciden en que es importante . . . pero eso es casi todo. ¿Porqué debería nuestra juventud ser consciente de su gobierno y sus poderes? Es como si esperáramos que las virtudes de nuestra fundación y los ideales embebidos en ella de alguna manera perseveren indefinidamente sin nuestra constante atención, protección y promoción.

Es cierto que América no está actualmente bajo amenaza extranjera o enfrentando un enemigo en el sentido tradicional. Pero es igualmente cierto que con el nacimiento de cada generación y la llegada de cada nuevo ciudadano, las lecciones de nuestra historia deben ser enseñadas y vuelta a enseñar. Como se ha dicho: "con todo derecho viene una responsabilidad". También es así en lo que se refiere a ser un ciudadano americano. Es una responsabilidad muy importante para dejarla de lado. El alimentar y proteger esos ideales no sólo es crítico para el bienestar nacional, sino que da a nuestra juventud un sentido de orgullo por algo mayor que ellos mismos y mayor que las pequeñas cosas que tienden a separarnos. Uno mira los debates divisionistas que ocurren a menudo y se pregunta porqué nacen tantas discusiones de aquellos que se sienten tan desconectados, y es triste que nunca tuvieron la opción de unirse bajo algo que nos conecte a todos.

Aparte del himno nacional cantado en un partido deportivo o durante los juegos olímpicos, ese orgullo es algo que nuestra juventud experimenta demasiado infrecuentemente. Hubo un día en que ese orgullo llenaba los ojos de lágrimas y provocaba algo en la garganta difícil de tragar.

Mirando a mi alrededor últimamente, veo muchos ojos secos en las gradas y mayor impaciencia por las palabras que casi siempre siguen al himno nacional: "play ball".

Ultimamente vuelven a mi mente las palabras dichas un día: "América es una idea. Vive en los corazones y mentes de todos sus ciudadanos. Si muere ahí, nada podría nunca, pero nunca, devolvérnosla". El observar los hechos mundiales acaecidos recientemente me recordó algunas de estas cosas.

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