Senador Eddie Lucio Jr.

COMUNICADO DE PRENSA
Septiembre 11, 2008
CONTACTO: Doris Sanchez, Secretaria de Prensa
(512) 463-0127

Que los maestros vuelvan a enseñar el programa de estudio y no cómo aprobar los exámenes
Debe reformarse el sistema de evaluación en escuelas públicas

Aunque Texas está considerada un líder en responsabilidad académica de escuelas públicas, debemos hallar un sistema de evaluación más integral y beneficioso para el usuario.

¿Se acuerdan cuando los maestros enseñaban y los administradores facilitaban el aprendizaje? Ya no es así. Los administradores a nivel estatal funcionan como encargados del cumplimiento de reglas en vez de líderes educativos, y los maestros como sargentos de repetición en vez de educadores. Hasta los consejeros escolares pasan más tiempo administrando exámenes que brindando consejos y asesoría académica. Esto empezó hace bastante y con buenas intenciones.

En 1993, la Legislatura de Texas promulgó estatutos ordenando la creación de un sistema de responsabilidad académica en escuelas públicas, con el objeto de evaluar a distritos escolares y escuelas. Las reformas incluyeron el examen TAAS (Evaluación de Conocimientos Académicos de Texas), que reemplazó al previo TEAMS (Evaluación Educativa de Conocimientos Mínimos de Texas). En el 2003, se administró el examen TAKS (Evaluación de Conocimientos y Aptitudes de Texas), comenzando seriamente así un nuevo sistema de responsabilidad en el aprendizaje. La evaluación de escuelas usando este nuevo sistema fue publicada en 2004.

El TAKS también fue en respuesta al Acta Ningún Niño Atrás (No Child Left Behind o NCLB) del 2001, una ley federal que busca mejorar las escuelas públicas y niveles de rendimiento en América. Para cumplir los niveles fijados por NCLB, el Departamento de Educación de EE UU promulgó un plan en 2003 –el informe Progreso Anual Adecuado (AYP)—para evaluar anualmente todo distrito de escuelas públicas, escuelas individuales y la educación estatal en general.

Texas dispuso metas para mejorar los logros estudiantiles, aumentar el número de graduados de secundaria y reducir las brechas en rendimiento y graduación entre grupos de estudiantes.

Un efecto no previsto de estos severos mandatos fue que se pasó de educar y preparar a los estudiantes para que funcionen en la economía global, a obtener determinado nivel a cualquier precio o deshacerse de una mala calificación para sus estudiantes y escuelas.

Por ejemplo, en una audiencia en julio en Brownsville del Comité Selecto de Responsabilidad en Escuelas Públicas presidido por la Senadora Florence Shapiro, nos enteramos que aunque el distrito ISD Brownsville tiene 37 escuelas calificadas como ejemplares o reconocidas, con dos de ellas en la lista de U.S. News and World Report de mejores escuelas secundarias, el distrito será calificado de académicamente aceptable, en vez de reconocido o ejemplar.

Aún más irónico, este distrito BISD es también uno de los finalistas de este año para el Premio Broad a la Educación Urbana, el mayor premio educativo de la nación para el que los distritos escolares deben ser nominados. A pesar de todos estos esfuerzos, el distrito recibe menos financiamiento por estudiante que el ISD de Austin, Plano y otros distritos.

Debemos financiar las escuelas de forma más equitativa. Durante la Sesión Especial de 2006, la Legislatura ordenó a distritos escolares reducir los impuestos a la propiedad, disminuyendo el financiamiento local a escuelas públicas. El texto en la medida de educación incluye una provisión (“hold harmless”) para asegurar que los distritos no se perjudiquen por la reducción en la recaudación local, disponiendo que el estado contribuiría con la diferencia de fondos. Para no ser perjudicado, se vuelve a calcular el índice de participación para distritos y escuelas que no llegan al nivel de participación AYP, afectando negativamente a escuelas con problemas de alto índice de pobreza y deficiencia en el idioma inglés. Las grandes discrepancias en financiamiento entre distritos suelen surgir de esta provisión “hold harmless”. La Senadora Shapiro y yo nos opusimos a esas provisiones.

La creciente necesidad de clases de recuperación en instituciones de educación superior se vería reducida mediante un financiamiento equitativo de programas innovadores que ayudan a estudiantes con problemas a prepararse para la universidad y la economía global.

Debemos preparar mejor a nuestros estudiantes para la educación superior y el sector laboral. Los estudiantes que desean aprender más deberían ser estimulados en vez de contenidos. Podemos ayudar a estudiantes a obtener un alto rendimiento y a la vez hallar maneras de reducir la ansiedad por la importancia de los exámenes. Estos exámenes pueden ser traumáticos a nivel emocional para estudiantes que tienen problemas al rendir exámenes.

Nadie puede discutir que el sistema de responsabilidad ha funcionado en algunas cosas, especialmente porque los grupos estudiantiles minoritarios, especialmente los hispanos, han mostrado mejoras remarcables en lectura y matemáticas, pero se necesita un mejor método de evaluación para todos los grados.

Como nos dice Beto D. González, Director Auxiliar del BISD y miembro del Comité de Responsabilidad en Escuelas Públicas: “recibimos y adoptamos la responsabilidad académica”. Podemos seguir logrando nuestras metas creando un mejor sistema, a través de un apoyo y reconocimiento adecuado en vez de notas y sanciones de castigo.

Con la participación de nuestro sector educativo y los padres, hallaremos las soluciones que mantengan a Texas en altos niveles de rendimiento y aumenten nuestros logros académicos.

Coincido con el Sr. González en que tenemos “tanto responsabilidad como oportunidad de asegurar que el modelo estatal de responsabilidad en escuelas públicas sea pertinente, riguroso y que también promueva un buen clima de aprendizaje, necesario para que los niños compitan y prosperen en el siglo XXI”.

Como siempre, si tiene alguna opinión o pregunta sobre éste u otros temas, no dude en comunicarse con mi secretaria de prensa Doris Sánchez al (512) 463-0385.

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