Senadora Estatal Leticia Van De Putte, Distrito 26

COLUMNA DE OPINION
De difusión inmediata

Noviembre 11, 2010
Contacto: Sarah Gomez, (512) 463-0126

Rindamos honor a los hombres y mujeres militares y a sus familias
La senadora envió esta columna de opinión al Waco Tribune-Herald para conmemorar el Día de los Veteranos

En el primer Día de los Veteranos en 1954, el Presidente Dwight D. Eisenhower pidió a todos los ciudadanos “recordar el sacrificio de aquellos que lucharon tan valientemente”. Desde entonces, este día –llamado previamente Día del Armisticio—se ha convertido en una ocasión anual para reconocer los sacrificios de todos los veteranos americanos, hombres y mujeres que merecen el más alto aprecio y respeto en nuestra nación. Aquellos que lucharon y murieron en lugares lejanos a las amigables costas de América representan la desinteresada dedicación al servicio que ha hecho y continúa haciendo a América la tierra de la libertad y oportunidades.

Sin embargo, existe otro grupo en América que no podemos olvidar en este importante día: las familias del personal militar en el extranjero. Los cónyuges, hijos y familiares afectados de aquellos que sirven en las fuerzas armadas de nuestra nación enfrentan tremendos apuros antes, durante y después del despliegue. Aunque no deban ponerse el uniforme, ellos también sirven a nuestro gran país apoyando a aquellos que sirven en nuestras fuerzas armadas.

Como funcionarios electos, es nuestro trabajo ver que las preocupaciones de nuestras familias de militares se escuchan y son resueltas. Hemos escuchado las voces de las familias de militares, y, como resultado, estamos dedicados como siempre a ser parte de un esfuerzo mayor y continuo para cuidar de nuestras tropas y sus familias –especialmente después que termina el despliegue.

El 1º de noviembre, el Presidente Obama firmó una proclama designando noviembre como Mes de la Familia Militar. Al hacerlo, él dijo: “Le debemos cada día de seguridad y libertad que disfrutamos a los miembros de nuestras fuerzas armadas y a sus familias. Detrás de nuestros valientes hombres y mujeres militares, hay familiares y seres queridos que comparten su sacrificio y brindan un apoyo permanente”.

Es evidente que hay un mayor conocimiento en nuestro país acerca de los sacrificios y apuros que sufren las familias de militares en EE.UU. Los desafíos de continuos despliegues y transferencias de bases; las dificultades de pasar fiestas, cumpleaños y aniversarios separados por un océano; la tremenda carga de criar una familia en soledad durante seis, nueve y aún 12 meses, todo representa un nivel de sacrificio que la mayoría de las familias americanas no pueden empezar a entender. Así como el Día de los Veteranos rinde honor al pacto sagrado entre los extraordinarios americanos que están decididos a morir por nosotros y los que disfrutamos las libertades que este altruismo permite, tampoco debemos dejar de reconocer que las familias de militares sirven también a nuestro país.

Además de nuestro solemne aprecio, es de crítica importancia que los héroes que regresan a casa tengan acceso a los servicios de salud mental que merecen, y que sus familias sean cuidadas debidamente durante su despliegue y la difícil fase de transición que marca la integración del soldado a la sociedad.

Aunque solo una fracción de los americanos sirven directamente o son parte de una familia de militares, todos los americanos deben compartir la responsabilidad de apoyar a este valiente grupo de ciudadanos. Esto requiere una ciudadanía activa, una que entiende las tensiones que pone la guerra no solo en los jóvenes que patrullan las montañas del sur de Afganistán, o la agente de policía en el puesto de guardia en Haifa, sino las familias que esperan deseosamente su regreso.

Hoy hay cerca de 200,000 americanos desplegados en zonas de combate. Los hombres y mujeres que vinieron antes de la actual generación de patriotas –aquellos que irrumpieron en las playas de Normandía, lucharon en las congeladas temperaturas alrededor de Chosin Reservoir durante la Guerra de Corea y resistieron el sitio de Khe Sahn en la Guerra de Vietnam—entienden totalmente la magnitud de su servicio. En este Día de los Veteranos, todo americano debe considerar los sacrificios hechos por su bien, tanto por los enviados directamente a las garras del enemigo, como por aquellos que sirven a América como miembros de una familia militar. No debemos olvidar nunca que es la familia entera la que sirve orgullosamente a América. Ellos merecen nuestro agradecimiento hoy y todos los días.

La Senadora Leticia Van de Putte (D-San Antonio) es presidenta del Comité Senatorial de Asuntos de Veteranos e Instalaciones Militares de Texas.

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