COLUMNA DE OPINION
de la oficina de Jeff Wentworth
Senador Estatal, Distrito 25

De difusión inmediata
Septiembre 8, 2006
Contacto: Margaret Patterson
(210) 826-7800

Quinto aniversario del 11 de Septiembre revive memorias dolorosas

El 11 de septiembre de hace cinco años, los americanos y gente de todo el mundo miramos atónitos y horrorizados como unos fanáticos terroristas atacaron nuestra nación.

Los que crecimos en una época en que las armas de guerra disparaban a blancos militares, hallamos reprochable y moralmente repugnante una guerra que apunta deliberadamente a civiles. Para ganar tal guerra, sin embargo, debemos aceptar la realidad de que somos soldados en una guerra contra el terror, y actuar de manera acorde.

Los buenos soldados y los tejanos orgullosos no nos achicamos ante la adversidad. No nos acobardamos ni capitulamos por temor a otro ataque.

Subimos a aviones, manejamos, hacemos nuestro trabajo, criamos a nuestros hijos, votamos, somos voluntarios, y sí, debatimos los temas. También vamos a la iglesia donde recordamos a aquellos que murieron el 11 de septiembre, y rezamos por la seguridad de aquellos que siguen estando en peligro.

También exponemos orgullosamente la bandera americana. El 12 de septiembre del 2001, había banderas flameando en toda asta, en ventanillas de vehículos, en balcones y patios. Hoy, muchas de esas banderas ya no están ahí.

No creo que seamos menos patriotas que hace cinco años; simplemente nos hemos vuelto complacientes. Les pido pongan a un lado su complacencia y expongan la bandera americana en honor de aquellos que están peleando y muriendo por su derecho a hacerlo.

En toda Texas, la gente se ha unido esta semana en muestra de apoyo a las tropas americanas que están arriesgando la vida para encontrar a aquellos que destruirían nuestra forma de vida, y proteger a aquellos que están tratando de construir una democracia de entre las ruinas de una dictadura.

Los terroristas que comandaron los aviones el 11 de septiembre del 2001 pueden haber cambiado nuestras vidas para siempre, pero aquellos que apoyan su causa se están dando cuenta, como lo han hecho antiguos enemigos de nuestro país, que el americano común puede hacer sacrificios extraordinarios en nombre de la libertad.

Después de los ataques al Pentágono, el World Trade Center y la caída del Vuelo 93, un ciudadano escribió pidiendo que tomáramos represalias en memoria de “todos nosotros que hemos servido al país”.

Como ex oficial de contrainteligencia en el Ejército de EE.UU., soy uno de los 1,700,000 tejanos veteranos y uno de sólo cuatro senadores tejanos que cumplieron con el servicio militar. Yo sé del sacrificio de aquellos que sirven, y el de las familias que quedan atrás.

Las familias del personal militar lloran adioses a sus seres queridos, y luego firmemente apoyan a sus esposos, esposas, hijos e hijas al luchar éstos contra el terrorismo en suelo extranjero, para que sus hijos puedan crecer libres del terror de las bombas.

Como veterano, senador y tejano por cuarta generación, creo que el mayor tributo que podemos rendir a aquellos que han caído en la guerra contra el terror es asegurar que sus vidas no fueron vividas ni perdidas en vano.

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