COLUMNA DE OPINION
del Senador Estatal Troy Fraser

De difusión inmediata
8 de junio, 2004
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Recordando a Ronald Reagan: un gran americano

AUSTIN – Cuando América y el mundo lamenta el fallecimiento de Ronald Reagan, él será recordado como uno de los más grandes presidentes de nuestro país porque llevó a la Unión Soviética al borde del colapso, dando fin a los 40 años de la Guerra Fría.

Pero su elección en 1980 como nuestro 40° presidente también provocó una nueva era de ideología conservadora, una basada en la compasión y formada bajo el tutelaje político de Barry Goldwater, el fundador del movimiento político conservador en América. Fue también una doctrina que atrajo, transformó y guió a una generación entera de líderes empresariales y políticos a lo que se denominó luego: la Revolución Reagan.

Como joven empresario en el oeste de Texas al comienzo de la década del ochenta, los principios básicos de Reagan de un gobierno más restringido, menos impuestos y menos regulación tuvieron un profundo y perdurable impacto en mí. Ellos dieron forma a mi filosofía conservadora con respecto a los negocios, y, más tarde, respecto al gobierno, cuando fui electo por primera vez a la Cámara de Representantes en 1988. Esos mismos principios adoptados por Ronald Reagan todavía me sirven hoy –y me sirven bien—como su senador estatal.

Ronald Reagan reconoció que si los negocios están libres de una regulación excesiva del gobierno, impuestos y burocracia, pueden crecer más, originar más empleos y mejores sueldos, expandiendo a la vez la base impositiva.

Reagan creía que si el gobierno cobra menos impuestos a la población, permitiéndoles mantener más del dinero que ganan, la gente reinvierte esos dólares en la economía, adquiriendo bienes y servicios.

“Millones de individuos que toman sus propias decisiones en el libre mercado siempre invertirán sus recursos mejor que ningún proceso de planificación centralizada del gobierno”, pensaba Reagan.

Y Ronald Reagan me enseñó que el gobierno no puede y no debe tratar de ser todo para todos.

Su aversión a un gobierno grande solo tenía rival en su deseo de disminuir la carga impositiva, y, durante su presidencia, la tasa impositiva para los máximos ingresos cayó de un 69 a un 28 por ciento. A la vez, redujo el gasto doméstico y la regulación del sector privado.

Aunque Ronald Reagan será recordado como “el Gran Comunicador”, y un hombre de gran determinación, carácter y cordialidad, debe señalarse que los votantes lo recompensaron con un segundo término en su cargo porque su política doméstica funcionó y la economía nacional mejoró.

Después de ganar su primera elección en 1980 con el 51 por ciento de los votos en una campaña de tres contendientes, ganó la reelección arrolladoramente en 1984, ganando en 49 estados y obteniendo 525 de los 538 votos del Colegio Electoral. Dejó su cargo en 1989 con un 63 por ciento de aprobación del público, el más alto de ningún presidente desde Franklin D. Roosevelt.

En los próximos días, mientras lamentamos la pérdida de este gran líder americano y recordamos sus muchos logros en el escenario mundial, recordémoslo también por su sentido común con respecto al gobierno, y por renovar los valores conservadores que hacen grande a nuestra nación.

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