COLUMNA DE OPINION
del Senador Carlos Uresti

DE DIFUSION INMEDIATA
Diciembre 17, 2009
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Actos diarios de compasión y generosidad pueden salvar a un niño

Si no fuera por su abuela, Jovonie Ochoa tendría ahora 10 años –alerta y energético, disfrutando las vacaciones escolares y esperando ansiosamente la mañana de Navidad.

Seguro sabría cómo usar la computadora y tal vez sería un ávido jugador. Podrían gustarle los deportes, los animales, los carros a control remoto, la libertad del verano y el encanto de los sábados. Pero el mundo de Jovonie nunca disfrutó esa maravilla y anticipación. Él nunca experimentó la exhuberancia –ni el dolor—de ese primer amor.

En el sexto aniversario de su trágica muerte, debemos hacer una pausa y preguntarnos cuál es la mejor manera de recordar a Jovonie y ayudar a otros niños atormentados, durante estas fiestas de benevolencia y alegría.

Lo podemos hacer mediante pequeños y diarios actos de amabilidad y generosidad –ríos de acciones personales que desembocan en un mar de compasión.

Para miles de niños en toda Texas, la Navidad será como cualquier otro día, marcado por el hambre, negligencia, miedo, violencia física y emocional y abuso sexual. Y al mirar hacia estas fiestas y la promesa del año nuevo, no es momento de cerrar los ojos a estos niños o mirar para otro lado.

La historia de Jovonie –fue privado de comida por su abuela y murió a los cuatro años el día de Navidad del 2003 –conmovió a San Antonio y empujó a muchos a la acción en defensa de los niños maltratados e ignorados. Y aunque hay esfuerzos para efectuar cambios significativos en políticas estatales, debemos trabajar cada día como personas para salvar y mejorar estas jóvenes vidas. Podemos proteger a muchos niños simplemente siendo buenas personas y buenos vecinos.

¿Hay alguna familia en su calle que pasa un mal momento? ¿Hay algún vecino que perdió su trabajo? ¿ Hay una madre soltera trabajando en su oficina o viviendo al lado suyo? Compre algunas cosas extra la próxima vez que vaya al supermercado, encuéntrense en la gasolinera y llénele el tanque del vehículo, ofrézcase para cuidarle al hijo y déles una noche libre, infórmeles sobre el número 2-1-1 de emergencia para servicios y programas sociales, envíe un cheque al banco de alimentos local, pídale a sus amigos y a su iglesia que colaboren. Siempre esté atento a posibles señales de abuso.

Y, sobre todo, no deje que decaigan su compasión y vigilancia en las fiestas. Continúe apoyando a sus vecinos todo el año.

Es demasiado tarde para Jovonie, y sin ninguna duda perderemos otros de la misma forma. Pero a nivel individual podemos hacer una diferencia para las familias en situaciones difíciles y niños en riesgo de abuso, de incontables maneras durante nuestro diario vivir. No es necesario salvar al mundo entero para salvar a un niño.

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